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La Fundación Cristino de Vera-Espacio Cultural CajaCanarias ha inaugurado hoy viernes, la muestra titulada “Pino Ojeda”, integrada por una selección de 22 obras –encáusticas, lacas, esmaltes, collages–, realizadas por la artista grancanaria entre 1955 y 1981, sus principales publicaciones, documentación personal y el retrato que Juan Ismael realizó a la creadora en 1947. La exposición podrá visitarse en la sala de exposiciones temporales de la entidad, calle San Agustín, 18, hasta el 22 de febrero en el horario: de martes a viernes, de 10.00 a 14.00 h y de 17.00 a 20.00 h, y sábados de 10.00 a 14.00 h, con entrada libre.

El acto de inauguración contó con la presencia de Margarita Ramos, presidenta de la Fundación CajaCanarias, Elsa López, escritora, y Domingo Doreste, comisario de la exposición y nieto de la artista.

Margarita Ramos presentó a Pino Ojeda como una de las figuras fundamentales del panorama artístico y literario de la segunda mitad del siglo XX en Canarias. Emprendedora, visionaria, intelectual, creadora y activista cultural, consagró su vida a la escritura y a las artes plásticas, destacando el perfil polifacético de esta excepcional mujer nacida en Teror, en 1916. “Su obra escrita indaga en los sentimientos más profundos del ser humano: el amor, la soledad, el devenir del tiempo y la vida. Sus primeros versos vieron la luz en Tenerife, en la revista Mensaje, en 1945. Tras ello, aparecería su primer poemario, Niebla de Sueño. Más adelante, en 1952, con sus propios medios, funda y dirige una de las propuestas editoriales más interesantes del panorama poético de los años cincuenta en España, la revista Alisio. Hojas de poesía, donde logró aunar voces destacadas de la poesía canaria con otras de la Generación del 27 y del 50. En 1953, obtuvo el primer accésit del Premio Adonáis por su obra Como el fruto en el árbol; al año siguiente es finalista del prestigioso Premio Nadal, en Barcelona, con su novela Con el paraíso al fondo. En 1956 recibió el Premio Tomás Morales de poesía por La Piedra sobre la colina y, en 1991, el Primer Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo por su obra El Salmo del Rocío”.

Ramos explicó que Pino Ojeda comenzó a pintar como descanso de la poesía, “pero su vocación artística y espíritu renovador la condujeron a completar su formación en la Escuela Luján Pérez y en las Academias Municipales. Interesada en la pintura, la escultura, la cerámica, el collage, la fotografía, la música y, a edad avanzada, en las posibilidades que le ofrecían las nuevas tecnologías, su lenguaje constituye una simbiosis entre la figuración geométrica y la abstracción lírica. A mediados del siglo XX comienza a exponer con regularidad en Canarias y, gracias a la amistad con Eduardo Westerdahl, participará junto a Martín Chirino, Juan Ismael, Manolo Millares, Felo Monzón y Santiago Santana, entre otros, en la III Bienal Hispanoamericana de Arte, celebrada en Barcelona. A partir de ese momento, inicia una sólida trayectoria en la que el paisaje lávico insular, con lacas y esmaltes, es su principal motivo de inspiración”.

Por otra parte, Elsa López señaló que “cuando nos encontramos con un personaje como Pino Ojeda tenemos que reconocer que nos estamos enfrentando a una mujer con múltiples facetas. Podemos hablar de la Pino Ojeda escritora y, dentro de la escritora, de sus obras de teatro, de la narradora de cuentos y de la novelista. Podemos hablar de la Pino Ojeda pintora, que realiza montajes minuciosos, y a la que imaginamos recortando papeles y telas para construir pequeñas piezas repletas de color y de símbolos. Podemos descubrir a una mujer llena de fuerza y oscuridad en momentos de dolor o de incertidumbre; una mujer moderna, de pincelada rápida, y otra mujer por encima de conceptos o de lo que parece normativo”.

Elsa declaró: “amo a esa Pino Ojeda comportándose de una forma personal en la literatura y en la pintura. Lo mismo que hizo en todas las facetas de su vida: desde ser empresaria, montando talleres y salas de exposiciones, hasta creando lugares donde pudieran expresarse escritores y pintores; una mujer que, además de escribir y pintar, tocaba el piano, la guitarra y el timple y se acompañaba de la música para crear. Hablar de ella es no solo referirnos a la cultura canaria, es hablar de cultura a nivel nacional y también de cultura fuera de nuestras fronteras. Ella viajó, visitó otros lugares, expuso en otros países. Podemos decir que no conoció fronteras ni materiales ni espirituales; que fue una mujer que estaba por encima de su tiempo y, si la conociéramos ahora, nos plantearíamos de dónde saca esa energía, esa fuerza, esa manera de mirar el mundo por encima de normas y prejuicios. Pino se enfrentó a todo por encima de las convenciones, de lo que se lleva o no se lleva. Ella era libre, evidentemente. Reclamaba unas alas para volar y lo consiguió. Todavía hoy lo sigue consiguiendo”.

Domingo Doreste, comisario de la exposición, señaló que esta muestra constituye una magnífica oportunidad para que la obra de Pino Ojeda vuelva a encontrarse en el tiempo con muchas sensaciones y recuerdos del pasado. “Hay que tener en cuenta que Pino comenzó su andadura literaria en Santa Cruz de Tenerife, teniendo también numerosas vivencias en La Laguna y en Puerto de La Cruz. Artistas de la época, como Juan Ismael, Eduardo y Maud Westerdahl, Domingo Pérez Minik, Pedro Pinto de La Rosa y Francisco Bonnin, son algunas de las personalidades con las que compartió esos años de oro que vivió en la isla”.

Doreste declaró que, con objeto de ofrecer una visión global de la producción plástica de la creadora, se ha realizado una cuidada selección de obras que evidencia las diferentes etapas de su proceso creativo. “De la primera, fechada entre 1955 y 1961, destaca uno de sus mejores trabajos, realizado en 1956 con la técnica de la encáustica en frío y cuyo título es Adoración a Ceres, referente del informalismo abstracto”. “De los años de su mayor producción, entre 1960 y 1964, se exponen varias piezas de su colección particular, destacando Ciudad de noche y Macao con la técnica de lacas-esmalte, así como una obra muy singular, dedicada a sus mascotas, Composición n.º 47”. “De la segunda etapa, comprendida entre 1962 y 1971, se exponen piezas muy relevantes, como Rompiente, Arroyo, Picachos y San Borondon; así como alguna nunca antes expuesta, por ejemplo, Anochecer. De la última etapa, cabe destacar IL Vulcano Spento, que puede verse en la totalidad de galerías europeas, Suecia, Italia, Alemania, Suiza, EE. UU. y Japón, entre otras”. Por último, el comisario señaló que la muestra “concluye con unos collages de los años 80, realizados mientras se recuperaba de una rotura de fémur”.

La presidenta de la Fundación CajaCanarias, Margarita Ramos, clausuró el acto de presentación recordando la programación de actividades complementarias a la muestra, entre las que destacó que «esta misma tarde, (viernes, 25 de octubre), a las 19.00 horas, se presentará el filme La habitación del fondo, documental que narra la vida de una artista que luchó por la liberación de la mujer en un contexto histórico adverso y muy conservador.

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