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"En vez de hacer acción de bisturí, ahora nos toca cortar con la guillotina"
Erick Canino Miércoles, 04 de Julio de 2012 00:00
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José Luis Rivero es desde casi una década el director artístico del Auditorio de Tenerife. A ese cargo hay que sumarle desde el pasado mes de marzo la presidencia de La Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de titularidad pública.Con él, además desde el punto de vista de un curtido gestor cultural, hemos valorado la situación actual de la profesión en estos tiempos en los que desde lo público se insiste en el recorte de financiación para el sector. Rivero opina que uno de los principales problemas del cambio de modelo es que la transición ha sido casi de un golpe, pero al tiempo afirma que la próxima realidad no tiene que ser peor.
- Parece que en cultura, la manera de trabajar para producciones de mediana y gran escala que conocíamos hasta la fecha se está derrumbando poco a poco. ¿Cómo se vive y se afronta esta marea de crisis desde una plaza que se entiende más o menos estable como el Auditorio de Tenerife?
- Con mucha dificultad también, como todo el sector, aunque yo cada vez hable menos de sector y prefiera hablar del campo del sector cultural. Es verdad que durante un tiempo hemos estado sometidos a modelos que funcionaban, que básicamente dependían 100 por 100 de la ayuda pública y esa ayuda se ha retirado, además, sin que haya dado tiempo de generar otros modelos para acompasarnos a esas nuevas medidas. El declive de los presupuestos públicos para la Cultura ha sido muy rápido. Aún así, en el caso específico del Auditorio, es verdad que sus porcentajes han variado bastante menos que los del Gobierno de Canarias, por poner el ejemplo referente de todos. La bajada del Cabildo se mueve en torno al 12% que nada tiene que ver con el 65% del Gobierno. Desde mi punto de vista, el principal problema es esa bajada brutal de las ayudas públicas que pone en peligro un modelo completo de funcionamiento y las estructuras que sobre ese funcionamiento se habían generado en la sociedad, en las formas de relación entre lo público y lo privado. Lo que hay que hacer es reorganizarse y reordenarse para trabajar bajo estas nuevas circunstancias, porque no son para un año, sino para mucho tiempo. Está claro que vamos hacia otra cosa que no necesariamente tiene que ser peor. El problema es que este cambio de estado no se ha hecho de manera gradual, con un análisis pormenorizado de la situación, sino al serruchazo. En vez de hacer acción de bisturí, ahora nos toca cortar con la guillotina. Y esto es malo para todos. Ante esta situación, lo importante es que la estructura se pueda mantener, no el dinero que luego alimente o no la estructura, porque el arte no va a desaparecer. La necesidad de manifestación artística que tienen los seres humanos eso sí que no lo va a quitar ningún gobierno. Lo que le corresponde a una sociedad civilizada es otorgar los canales adecuados para que eso se comunique bien, se transporte y llegue a la sociedad de la manera más democrática posible. En ese sentido, Auditorio ha conseguido mantener todos sus programas abiertos, con menor cuantía en cada uno de sus programas. Yo sí considero, y el Cabildo lo ha apoyado desde el principio, que la Cultura es una carrera de fondo, no de velocidad sí de sedimentación. El hecho de que la sociedad se incorpore cada vez más a la vida artística depende de la constancia y de la paciencia. Por eso es importante para nosotros mantener lo programas, si bien es cierto, repito, que están más adelgazados.
"Estamos en el desierto ya, quiero decir, la travesía por el desierto ya empezó. Pero desde mi punto de vista, empezó desde el momento en que en el sector de la cultura aceptamos que todo debe ser autofinanciable"
- ¿Hay menos público en el Auditorio?
- Este año se han dado dos fenómenos. Una es la bajada generalizada de público, por el miedo general que hay al consumo, incluso manteniendo la misma propuesta de calidad y el mismo interés que tiene el público en nuestras propuestas. Y ahí, poco se puede hacer porque la situación externa es la que es, ahora mismo muy complicada. Otra cosa que detectamos, que ya empezó el año pasado, es que el público ya no compra con anticipación. El que compra lo hace siempre esperando a la semana a la que ocurre al evento, lo que a su vez a nosotros nos somete a mayor tensión y estrés sobre la venta. No deja de ser preocupante todo esto. Espero que no deje de ser una situación más transitoria debido a esta preocupación general con la que vivimos todos que está reteniendo el consumo. Ahora se habla mucho del modelo de relación entre lo público y privado, y en este sentido Auditorio, como estructura pública, viene trabajando en esta línea desde hace mucho tiempo, no ahora. Por eso creo llegamos a esta situación con un mayor conocimiento de cómo incentivar este modelo de lo público y lo privado. Esto ha hecho que muchas empresas estén trabajando y colaborando ofreciendo su producto dentro del Auditorio, pero sobre el modelo que nosotros teníamos implementados ya.
- Parte del sector de la cultura, sobre todo del grupo de productoras, manifiesta cada vez con más fuerza la necesidad de que, ante la ausencia de subvención directa por parte de lo público, espacios como el Auditorio puedan ser utilizados por empresas privadas con un coste de alquiler menor al actual. ¿Cree que puede ser parte de las soluciones de futuro?
- Creo que al sector, y vuelvo a utilizar esta palabra aunque no me gusta para dar una pista por donde voy, le hace falta una reflexión más profunda que eso. Eso que planteas es lícito, pero claro, yo podría decir que el negocio del teatro y de la música antes de estar manos de lo público estaba en manos de lo privado y fracasó. Por eso tuvo que intervenir la acción pública, para rescatar todos los teatros y ese nivel de actividades musicales, etc. Tanto un extremo como el otro son negativos en sí mismos. Hay que hacer un reflexión de cómo ambos modelos puede coexistir, que no es quítate tú para ponerme yo, sino analizar y diagnosticar cómo trabajan los espacios públicos para llegar a una aproximación posible. Hay que generar espacios de gestión de público adecuados en relación a espacios de lo privado adecuados. Además, también hay que tener en cuenta que no todas las empresas son igual de buenas, las hay buenas y malas, al igual que ocurre con las instituciones. La medida que tú planteas en la preguntas es una vía posible, pero solo una, y no necesariamente exitosa.
"El negocio del teatro y de la música antes de estar manos de lo público estaba en manos de lo privado y fracasó. Por eso tuvo que intervenir la acción pública, para rescatar todos los teatros y ese nivel de actividades musicales".
- ¿No es posible, entonces, ceder el espacio para un concierto o un festival a costes menores a los actuales?
- Antes de contestarte a la pregunta, me gustaría comentarte otra cosa. El problema está en sí podemos y debemos hacer análisis de la cultura sólo en términos económicos. Eso es una gran falacia a la que nos han llevado los discursos economicistas de la cultura. La cultura no es sólo economía, es otro montón de cosas que no podemos olvidar porque es lo que le da sentido verdadero al trabajo con la cultura. En la manera que la convirtamos sólo en un modelo empresarial de negocio, entonces al negocio estamos todos, no sólo la parte privada. Esos recursos públicos les han costado a todos los ciudadanos y no habría ninguna posibilidad de que se beneficien sólo unas empresas privadas porque digan que ellos pueden montar un concierto. Habría que articular vías concurrentes, abiertas y plurales para que presenten sus productos, pero tú y yo sabemos que en el terreno de la cultura es muy difícil trabajar así, porque si se abre un vía de convocatoria pública una empresa no sabe con qué producto puede trabajar para agosto de 2013, que es cuando puede salir la convocatoria porque los plazos administrativos son los que son. Se produciría una distorsión. No creo que haya soluciones generales y comunes para todo el sector de las artes, porque es muy amplio. Y bueno, contestando a tu pregunta, eso ya se da en el Auditorio en distintos niveles. Hay niveles de colaboración artística de la empresa privada con el departamento artístico de Auditorio, donde nosotros aportamos todos los recursos que tenemos para que se produzca el hecho artístico; pero también existe la otra línea, la que no habla del hecho artístico sino del hecho económico. Entonces existe la posibilidad de alquiler de espacios para realizar actividades. Eso se da en el Auditorio y está separado del departamento que yo dirijo, del departamento artístico. Hay artistas que entran aquí que no están dentro de nuestra línea habitual de trabajo, pero que, por supuesto, tiene derecho a presentarse porque tiene un público. Hay determinados eventos que aquí se presentan con las que se da un trato de colaboración. Un ejemplo son los musicales. Ellos invierten, arriesgan y pueden lograr sus beneficios. Ahí con nosotros se da una relación bidireccional en la que nosotros cobramos una serie de servicios que nos permite hacer otra serie de actividades que no son rentables en lo económico, pero sí en lo cultural. Esa es la misión del espacio público, ofertar el mayor número de hechos artísticos para todo tipo de gustos.
- Parece que hasta que se logre la reestructuración del sector y las empresas privadas logren existir por si mismas, que no deja de ser un reto muy complicado, queda una larga travesía por el desierto…
- Estamos en el desierto ya, quiero decir, la travesía por el desierto ya empezó. Pero desde mi punto de vista, empezó desde el momento en que en el sector de la cultura aceptamos que todo debe ser autofinanciable. Yo no creo eso y me niego a creerlo y trabajaré para que eso no sea así.
- Pero si no hay dinero público tiene que ser así al final…
- Bien, pero entonces no aceptemos tan alegremente que no haya dinero público. Una cosa es la situación de crisis, que yo la entiendo y soy el primero que se ajusta a una crisis a la que nos ajustamos todo, pero de ahí a legitimar que las políticas públicas culturales consistan en no te doy dinero, eso no. O sea, ahí hay un paso grande y eso tiene que trabajarse; por eso yo niego la palabra “sector”, porque en realidad no creo que haya una unificación del sector. Aquí lo cierto es que cuando el Gobierno planteó su bajada del 70 por ciento, no hubo voces críticas con esa bajada. Lo que hubo fue la articulación de un gabinete de crisis. Desconozco honestamente qué éxitos ha conseguido para el sector. No digo que no los haya conseguido, digo que yo los desconozco. Y los he escuchado algunas veces, pero todavía no termino de saber exactamente qué han conseguido de positivo para el conjunto del sector.
"Desconozco honestamente qué éxitos ha conseguido el Ganite de Crisis para el sector. No digo que no los haya conseguido, digo que yo los desconozco"
- Creo que poco por lo que ha trascendido…
- Podría decirte A o B, pero lo cierto es que lo desconozco. Pero ese mismo desconocimiento es sintomático, quiero decir, tampoco estoy muy al margen de todo lo que ocurre, o sea, intento estar informado. Si no se conoce muy bien lo que están haciendo, será o porque no hay suficiente transparencia en lo que están haciendo o porque simplemente no han conseguido nada o han conseguido poco. Pero el resto, ¿qué ha hecho? O dicho de otra manera, ¿cuántos ciudadanos han salido a protestar ante la rebaja de un 70 por ciento de un sector? Igual que han salido a protestar por la Sanidad, la Educación, los Asuntos Sociales, etc, etc.
- Quizás lo que ocurre es que hay un pensamiento generalizado de que la cultura no es tan importante.
- Porque la imagen que se ha dado y que el propio sector ha dado es que debe ser subvencionada. Lo que quiero decir con esto es que, en realidad, nosotros no hemos argumentado bien, ni siquiera mínimamente bien nuestra razón de ser. Por eso no creo en absoluto que la cultura deba tener sólo una visión economicista, que existe la visión economicista, por supuesto, y hay datos que lo prueban: no sólo empresas dadas de alta, no sólo gente trabajando en este sector, no sólo puestos de trabajo ocupados en este sector, sino también los réditos económicos que da a la sociedad. Pero lo que sí que no hemos sabido vender bien como grupo de trabajo es “y además de eso ¿qué?” Porque cuando vienen flacas para todos, vienen flacas para todos. Pero además de eso, ¿por qué eres importante? Y esos argumentos los tenemos, todos los que trabajamos en la cultura los sabemos, los manejamos. Conceptos que tienen que ver con la educación, con la integración del individuo en la sociedad, con la cohesión social, con el hecho de que la gente con esta situación no esté por ahí pegándose tiros. Pues eso también tiene que ver con cómo una sociedad se va desarrollando culturalmente. Nosotros no hemos sabido articular ninguno de esos elementos. Sabemos que la educación es muy importante, sabemos que donde hay que invertir justamente es en Educación y en Innovación, nos lo dicen todos los informes europeos, que es donde nosotros retiramos el dinero, pero también en que la Cultura puede aportar a la Innovación y aportar a la Educación. Los grandes gurús de la economía actual dicen que ahora lo que hay que tener es pensamiento disruptivo, es decir, pensar desde otro punto de vista; saber articular con los elementos que tienes, no con los que desearías tener. Y yo cuando oigo eso, pienso, el artista ha trabajado así toda su vida; ha trabajado con los elementos que tiene, no con los que le gustaría tener, sino con los que tiene, con eso se apaña y con eso saca adelante su proyecto. Y además pensando desde otro lado, nunca desde el pensamiento canónico y establecido y socializado, por eso ha creado esas condiciones para generar algo nuevo que no existía. Entonces si tenemos ese conocimiento por qué no somos capaces de decirle a los demás que lo tenemos. Desde mi punto de vista porque no lo hemos articulado, porque también hay un poco ese concepto de cierto egocentrismo, de lo mío es mío. Y es lo que decía antes, ¿qué se ha conseguido desde esos gabinetes?, que para mí son muy lícitos, es estupendo que el sector se organice, pero lo que yo pregunto es qué se ha conseguido para el conjunto del sector, no para individualidades sino para el conjunto. Y sobre todo, cómo se ha conseguido visualizar y visibilizar el sector ante la sociedad. Creo que muy mal. Creo que nosotros todos y me incluyo el primero, lo hemos hecho muy mal. Y hasta que no repitamos esa lección y lo hagamos mejor, hasta que no consigamos decirle al ciudadano de a pie, mire, la Cultura es necesaria por esto, por esto otro y por aquello y la hagamos valer, no vamos a estar en las agendas políticas de ningún gobernante. En ningún nivel de la administración, desde el local al estatal.
- De los que usted decía antes, que hay que negarse a la retirada de dinero público en la cultura, a lo que acaba de decir, que no estamos en la agenda de ningún político, se desprende que al final va a haber un choque de trenes porque lo que sí es verdad es que el dinero se está retirando poco a poco de la producción cultural…
- Lo que dices es verdad, se da ese choque. Por eso antes hablaba de la guillotina, es decir, lo que podíamos haber hecho hace tiempo con bisturí, ahora el corte lo vamos a tener que hacer con guillotina, y desde luego no va a ser tan preciso, y nos va a dejar cicatriz, seguro. Lo que hay que ver es el costo que va a tener esa cicatriz para el sector, estructuralmente, me refiero. Seguramente lo que hay que hacer ahora es emprender los dos caminos, es decir, un camino que nos permita ir en el día a día pero al mismo tiempo reflexionando de cómo va a ser nuestro futuro inmediato y lejano. Pero es que hay que hacerlo, llevamos mucho tiempo diciéndolo, pero siempre encontrando la excusa y diciendo, bueno no es tan urgente y vamos escapando de aquella manera. Pero ya no hay escapatoria, ahora es o sí o desaparecemos. Y en ese cambiamos o desaparecemos, habrá que tomar una decisión; habrá algunos que digan yo sí voy a invertir la energía y el tiempo y las ganas y el intento de cambiar y otros que dirán que yo mejor me dedico mi negocio. Necesitamos una mejor articulación del propio sector; una mejor organización en red de todo lo que está ocurriendo. Ésta, además, es una comunidad complicada porque es un territorio discontinuo donde nosotros estamos haciendo algo aquí en Tenerife, pero no tenemos ni idea de lo que está ocurriendo en Fuerteventura, y los de Fuerteventura no saben lo que está ocurriendo en La Palma. Somos una misma comunidad bajo las políticas económicas, que son las mismas para todos, entonces, hay una cierta desorganización en ese sentido, probablemente inducida por nuestra propia condición insular; por la propia discontinuidad de nuestro territorio que nos permite estar ajeno a lo que les ocurre a otros. Pero lo cierto es que hoy en día no se puede estar ajeno a lo que les ocurre a otros, hoy en día hay que estar haciendo programas con alguien de Fuerteventura, con alguien de Almagro y con otro de Chile y otro de Japón. Porque así es como funciona la comunidad hoy en día, ya nadie puede estar mirando a su ombligo y a su territorio. Y eso nos obliga a ser más productivos y hacia el exterior. Siempre hablamos del talento en Canarias y yo siempre digo, sí, talento hay mucho, pero formas de comunicar ese talento muy pocas; estructuras capaces de soportar ese talento y de agrandarlo y de presentarlo al mercado y esto lo uno a la parte económica, hay muy pocas. Entonces, yo creo que hay que ir redefiniendo desde esta nueva situación las políticas culturales y también las políticas estructurales del propio sector. Y eso nos toca a nosotros, no a los de fuera, sino a nosotros. No se puede estar pidiendo al de fuera y la casa sin barrer, hay que ir haciendo las dos cosas. Hay que ir intentando mejorar nuestra estructura como sector de producción, como campo de producción cultural y al mismo tiempo de esa fortaleza ir exigiendo políticas públicas culturales adecuadas a nuestro territorio y a nuestra idiosincrasia, porque también tiene que ver mucho con la forma de ser. Yo estoy viendo que eso se está consiguiendo en otros territorios, algunos nacionales y sobre todo, muchos internacionales, donde la situación económica no es como la nuestra pero es complicada, porque en cualquier caso estaban antes mucho mejor de lo que puedan estar ahora, aunque no estén tan mal como nosotros. Y en ese sentido queda mucho trabajo por hacer, estoy de acuerdo contigo, hay que ir haciendo el trabajo en paralelo, el trabajo del día a día y al mismo tiempo el trabajo de la reflexión de hacia dónde vamos. Y eso es algo que tenemos que hacer y cuanto más conjuntamente lo hagamos mucho más reforzados vamos a salir de este punto de inflexión del que yo hablaba al principio.
"Ya se acabó el yo, o empezamos a pensar desde el nosotros o la cosa va mal y va a ir a peor"
- Todo el mundo habla de eso, de que hay que reinventar el modelo que aplicamos aquí, ¿cuál ése modelo? ¿Está por descubrir o hay pasos ya concretos que se puedan dar?
- Yo no sé si hay que reinventar el modelo o hay que reinventarse, no sólo el modelo, a uno mismo también y a la estructura. Pero claro, externalizarlo todo siempre no es bueno, es decir, ver sólo la paja en el ojo ajeno no es bueno. Cuando digo reinventarse, me refiero a que el individuo, el yo también tiene que estar en esa reinvención, no sólo el modelo que me viene dado, como si fuera responsabilidad de los demás y yo estoy sometido a ese modelo. No, el modelo lo hacemos todos, no nos lo tienen que dar hecho, lo tenemos que hacer entre todos y eso implica pasar por esa reinvención desde todos los niveles de la estructura. Yo creo que hay pasos en ese sentido. Por ejemplo, cómo empezar a afrontar la retirada de los fondos públicos e ir sustituyendo eso mediante otras fórmulas de equilibrio con los presupuestos finales y por esas nuevas fórmulas pasa cómo vamos a afrontar desde las políticas culturales desde Canarias, pero también desde las estructuras y del propio sector, la nueva ley de patrocinio y mecenazgo; cómo nos va a afectar; cómo vamos a analizar eso y qué voz vamos a poder tener para consensuarla. En cualquier caso, cómo afectará eso a las distribuciones que luego se harán en Canarias con respecto a la RIC o con respecto a otras fórmulas donde ya la Cultura está metida y sin embargo no la usamos. Creo que debemos tener una voz cada vez más potente en ese sentido y eso implica tener, desde mi punto de vista, interlocuciones con otros ámbitos que no exclusivamente con el de la Cultura. Has planteado sus preguntas desde al ámbito económico y yo me pregunto qué relación tiene la Cultura con la Consejería de Hacienda o con el Ministerio de Hacienda. ¿Nos hemos preocupado por saber cuáles son las vías que se articulan desde ahí? ¿Nos hemos preocupado por conocerlas o por darles a conocer nuestra visión del asunto? Prácticamente no. Que yo sepa no. Pero tampoco parece que nos preocupe tanto y sin embrago son los que manejan el dinero para todo, para todos los sectores. Y estoy seguro de que el sector del plátano, el sector del tomate, el sector de las carreteras, el sector de la industria o el sector de la construcción sí que se sientan en esas mesas a dar sus puntos de vista. ¿Por qué nosotros creemos que esa mesa de debate no es necesaria? Porque si no empezamos a barrer la casa desde dentro no sabremos cómo hacer las cosas y cómo plantear verdaderos enfoques del sector que nos conviertan verdaderamente en un sector. Junto a esa ley de patrocinio, existen otros modelos que tenemos que ir trabajando y donde las estructuras más competentes y más rápidas en cómo habilitarse con esto van a estar en mejores puestos de salida. Es decir, los que trabajen las financiaciones desde otros ámbitos, no sólo desde lo público. Esta propia relación que yo decía antes entre lo público y lo privado, gran parte de la actividad del auditorio no está solventada por dinero público, está solventada por dinero privado. No sólo en conceptos de patrocinio sino también en los modelos de riesgos asumibles que las empresas que vienen a trabajar aquí tienen con un recurso público como es Auditorio, que no sólo es el espacio; es el espacio; su acondicionamiento técnico; su personal cualificado, etc. Y ése es otro modelo de trabajo, pero también otras fórmulas que en otros países europeos funcionan, es verdad que tienen mayor arraigo y que aquí poco a poco vamos a tener que ir incorporando; hablo de funciones de lo que se llama el marketing por compromiso; las donaciones también, la filantropía, que no es caridad; siempre miramos, por ejemplo, al ámbito de lo anglosajón, de los alemanes; gran parte de su presupuesto es presupuesto que viene de la sociedad civil. Quizás también tendremos que ir organizando a la sociedad civil para que también demande y cuide lo que quiere. Por eso yo antes decía, ¿tenemos argumentos para decirle a la ciudadanía que la cultura es necesaria? ¿Y que deben apoyarla? Yo creo que ese trabajo no lo hemos hecho, entonces habrá que hacerlo, desde luego no son soluciones para mañana, son soluciones a medio y largo plazo, pero que habrá que ir incorporando poco a poco. Siguiendo con la metáfora del bisturí y la guillotina, a mí me hubiera gustado que los hubiéramos hecho mucho antes y que, digamos, ahora estuviéramos con un cierto nivel intermedio pero nos ha tocado justo el peor momento porque se están retirando los fondos.
- Y cuando dice “nosotros” tenemos, ¿quién se pone a eso en realidad, de ese “nosotros” quién da los pasos en realidad? En ese nosotros siempre queda todo un poco difuminado y el tiempo va pasando…
- Ésa es la pregunta más difícil que me has hecho. Yo creo que al final alguien siempre tiene que dar un primer paso, pero tiene que ser una consciencia de todos. Si hablamos de Canarias, bueno hay una serie de asociaciones que podrían reunirse; hay una asociación de gestores culturales, hay una asociación de empresas de las artes escénicas o varias, también algunas que son sindicatos de actores, el campo de la música tiene tres. Aunque sea de esta manera un poco desarticulada y atomizada, lo cierto es que todos nos conocemos. O sea, esto es una comunidad pequeña y al final todos nos conocemos y es verdad que podría organizarse. ¿Que alguien tiene que tomar las riendas? Bien yo no sabría decir si eso es así y quién debería ser, digo que mi análisis es de diagnóstico no de cura. Si fuera el médico que lo cura, pues igual hubiera ganado el Nobel. No es tan fácil y yo sólo estoy planteando la situación como yo la veo y además desde un lugar específico y con un punto de vista completamente particular e individual que es el mío. Yo estoy expresando la opinión de José Luis Rivero, no la opinión de la institución que me acoge. Sí digo, porque me lo apuntaste antes y yo lo quiero recalcar, que es cierto que en ese sentido las políticas culturales del Cabildo sí han trabajado en esa línea y eso no es ni mejor ni peor, es simplemente que han trabajado en esa línea. Y habrá otras en las que seguramente no habrán trabajado. Pero al menos en esa línea, sí han trabajado y bueno hay una mayor estabilidad en los propios centros culturales que el Cabildo tiene. Tal es así, que sus bajadas presupuestarias han sido mucho menores, lo que implica también un grado de responsabilidad política con el sector de la cultura. Sería bastante deshonesto no admitirlo en estos términos también, pero yo ahora no hablaba desde ese punto de vista institucional, de institución política o administrativa, me refería más al concepto del grupo como sector, del campo de la cultura. Ahí tendrán que darse pasos y habrá personas que quieran liderar esos procesos. Yo creo que ahora mismo lo que podemos hacer es hablar entre nosotros, pero hablar no como en muchísimas reuniones en las que todo termina en el efecto plañidero, y qué hay de lo mío y yo vengo a contar; de eso creo que estamos todos un poco aburridos y cansados. Yo creo que se nos nota a todos cuando de repente alguien empieza con su discurso, porque yo, porque yo… ya se acabó el yo, o empezamos a pensar desde el nosotros o la cosa va mal y va a ir a peor. Entonces creo que queda todavía un cambio de chip, y eso implica generar modelos y generar actitudes y aptitudes para afrontar lo que se nos viene en el futuro.
- En el trato con los artistas, ¿ha notado algún cambio en su manera de afrontar esta nueva realidad? ¿Las exigencias de las principales figuras son las mismas o mayor predisposición a llegar a entendimientos?
- Sí, aunque depende del subsector concreto y depende también de los ámbitos de los que proceden. Al principio de este año, por ejemplo, las grandes figuras por las que preguntas, no ¿Por qué? Porque en realidad se mueven en mercados internacionales donde no hay crisis y donde esas figuras se siguen pagando; quiero decir, estoy seguro de que Bruce Sprinsteen no cambió su caché porque viniera a Canarias y porque tuviéramos crisis. Lo que digo con esto es que ese nivel uno, no. No, porque realmente existe mercado suficiente para que ellos se muevan, si no pueden venir a España o no pueden venir a Canarias, pues no vendrán y punto. En otros sectores, sin embargo, sí han sido bastante más sensibles. Y en otros niveles también. Eso era a principios de año, sin embargo ahora yo veo que esa sensibilidad ha aumentado. También se puede negociar mejor con las primeras figuras, no con los más grandes. Pero sí con figuras grandes también que en cierta manera quieren hacerlo. Y por ejemplo, mercados que han cambiado muchísimo, el mercado de la ópera, el de la música clásica, todos esos mercados, el mercado de lo tradicional, de lo canónico, incluido el ballet, por ejemplo, sí han modificado sus conductas en ese sentido. Y luego las compañías pequeñas, las empresas pequeñas que manejan un producto más cercano, más próximo, ésas por supuesto también. El mundo de la creación y de los artistas es muy artesanal, es decir, hay muchos que son el líder de la banda, pero también son el único componente de la banda y además funcionan como manager y como jefe de marketing y como road manager. Entonces, esa gente sí, en el fondo el músico lo que quiere es tocar, y el buen músico más. Los productos de marketing generados en las distribuidoras, generados en las discográficas, igual eso es otro tipo de negocio. Pero el músico y sobre todo, el buen músico lo que quiere es tocar y al final se ajusta a lo que se puede ofrecer si entiende que aquello que se le ofrece es honesto y coherente. Si entiende que lo quieres es hacer tú el negocio pagándole menos pues no. Pero si entiende que realmente tú estás en una situación determinada y que de una manera coherente y honesta le estás planteando un programa de trabajo, normalmente el músico se adecua bastante a las condiciones que le das. Esa es mi experiencia al menos en el campo del trabajo del Auditorio. Y estoy hablando desde cachés altos y cachés de 1.200€ o de 600€ incluso. No estoy hablando de que eso se haga a unos cuantos. Y en ese sentido nosotros no hemos cambiado mucho porque nunca hemos entrado en esas líneas de juego de la inflación cultural en las que con tal de tenerte pago lo que haga falta. Nunca hemos entrado en esas líneas de negocios. Le hemos ofrecido al artista lo que considerábamos que valía el artista, y sobre todo, con un trabajo muy arduo y muy intenso en saber lo que ese artista está cobrando, no en España sino por ejemplo, en cualquier otro país europeo si estaba en gira europea. ¿Por qué? Porque en España se ha dado esa situación desde hace mucho tiempo, esa burbuja también inflacionista cultural, sobre todo, en el terreno del macro concierto, del artista pop, pero que se ha ido contagiando a toda la estructura, donde músicos de jazz cuando tocan en un festival en Holanda pueden cobrar la quinta parte de lo que cobra en cualquier otro festival en España o en temporada o lo que sea. Y digo de jazz, digo de músicas del mundo, digo del pop, donde quizá es incluso superior ese nivel inflación, etc. El Auditorio nunca ha entrado en esa línea de trabajo. Nunca hemos entrado en ese juego de la puja. Por ejemplo, otro de los grandes modelos de la cultura española, la puja. Yo saco cinco conciertos, a ver quién me da más. Ahí había unas políticas culturales que no tenían que ver para nada con la Cultura, ni con el desarrollo de lo artístico. Evidentemente, con el posicionamiento turístico de una ciudad determinada, con la visualización que se tenía de esa ciudad. Un caso, porque además lo conozco, los Rolling en El Ejido, concierto que se suspendió tres veces hasta que se hizo. Y como los Rolling otros grandes grupos en El E¡jido y cuando uno piensa la población que tiene El Ejido y por lo tanto el nivel presupuestario de ese Ayuntamiento, pues no parece que tenga mucho sentido llevar este tipo de bandas allí. Sobre todo, porque además, van a estar en Madrid, en Barcelona, etc. Bueno, ese modelo de puja tampoco hemos entrado en él, con lo cual es verdad que hemos mantenido esa coherencia y lo hemos hecho desde el principio del Auditorio porque el manejo del dinero público debe ser así.
- Del presupuesto que maneja el Auditorio ¿cuánto vuelve a la sociedad tinerfeña?
- Hay un informe que presentó el Director Insular que venía a decir que por cada euro público invertido en el Auditorio se devolvían cuatro euros a las empresas del sector. Cuando hablo de empresas me refiero a los proveedores, pero también a todos los negocios adyacentes, hostelería, restaurantes, hoteles, transportes, personal laboral para realizar eso; empresas de carga y descarga; empresas de montaje en el escenario; empresas de alquileres de equipos de iluminación o de sonido. Pues cuatro veces lo invertido. Habría que ver si hay muchas empresas que puedan dar esa devolución pública, pero esos son cifras, son números que están dados y que son públicas, no son privadas, son las cifras del Auditorio. Pero yo no estoy para valorarlo porque en realidad parecería poco objetivo que yo lo valore. Pero yo creo que en general, no está mal.


